CRECIMIENTO: implicaciones para Nuestra América

María Páez de Victor y Bob Thomson, ambientalistas

Ottawa, Octubre 2011

Estamos ante una crisis financiera mundial, pero solamente es la punta del iceberg, pues por debajo está la monstruosa crisis ambiental, energética y política.

A pesar de esta situación sin precedentes históricos, hay nuevas corrientes de pensamiento que nos dan esperanza para una salida hacia mundos mejores.

Aqui, presentemos un esquema de las múltiples crises, y la “ideologia” del crecimiento que nos trajó a este punto. Luego, un resumen de alternativas posibles.

Durante muchísimas décadas se nos ha hecho creer que el centro y el fin de la economía es el crecimiento económico, medido este por el Producto Interno Bruto (PIB). Es más, se nos ha dicho que sin ese crecimiento no puede haber desarrollo de ningún tipo, pues se dice a modo de fé religiosa, que  crecimiento económico es la base del “progreso humano”. Se toma como una verdad incuestionable, que el modo de obtener ese crecimiento económico es favoreciendo y aumentando el lucro para los inversionistas, los dueños de tierras, industrias, capital y servicios, y que eventualmente los beneficios obtenidos por aquellos en la cumbre de la pirámide socio-económica, poco a poco descenderán hacia los menos favorecidos. Las élites latinoamericanas, actuando como socios del capital global, y partícipes en el saqueo de Nuestra América, han creído y apoyado este mito con todo el poder social, económico, cultural y político a sus manos, a pesar de cualquier indicador empírico en su contra. Y así se dividió el mundo: en países desarrollados -los ricos y poderosos- y los sub-desarrollados – los pobres – con todo el lastre y estigma negativo que ello implica.

Muchas personas y grupos progresistas y valerosos han cuestionado políticamente este esquema. Sabemos bien en Latinoamérica lo feroz que siempre ha sido la persecución de los líderes, gobiernos y grupos progresistas que osan levantar sus voces ante las injusticias sociales y las violaciones a nuestras soberanías. Ambientalistas han estado haciendo muchas de las mismas críticas señalando que el sistema económico global está basado en la depredación de los recursos naturales para sobre-producir y mantener un consumismo derrochador en el Norte y hundir en la miseria los países del Sur de donde hoy en día proviene la mayoría de los recursos naturales cláves. Sólidas bases científicas alertan con datos empíricos que hemos llegado al límite de lo que la Naturaleza del planeta Tierra puede soportar. El espectro del cambio climático ya está sobre nosotros:

  • Se han derretido los hielos polares a un grado tal que están amenazados todos los países bajos, ciudades en las orillas marinas, los osos polares, ballenas y focas;
  • Hemos quemado en 300 años de esta la época industrial, un stock de energía fósil acumulado del flujo solar durante 300 milliones de años;
  • El cambio climático amenaza la agricultura y la salud humana y de las especies con el alza de la temperatura global
  • El clima errático ha creado huracanes y tormentas con la frecuencia y fuerzas sin precedentes, creando derrumbes y diluvios
  • La destrucción irreversible de ecosistemas y la extinción de millares de especies debido a la industria humana es de un nivel increible
  • Si cada habitante de la planeta consume al mismo nivel que un Canadiense, necesitaríamos 4 planetas, pero solo tenemos una;

Además de la destrucción del medio ambiente, nos encontramos con una creciente desigualdad social: el mundo  se encuentra polarizado, adentro de los países del Norte entre los ultra-ricos que cada vez se proporcionan más lo recursos a sí mismos, y una ciudadanía cada vez mas empobrecida individualmente y como beneficiadores de servicios publicos cada vez menos apoyados. Y entre los países ricos y pobres el espectro es pavoroso: hay actualmente 2 billones de personas en el mundo que viven con menos de $2 al día.

Los países hoy poderosos se enriquecieron con la extracción de minerales y demás recursos, primero los de sus propias fronteras que agotaron, y luego, en la de los países menos poderosos. Esta es la deuda ecológica que los países poderosos han contraído hacia los países menos poderosos del Sur. Pero ahora se encuentran en la supuesta necesidad de continuar produciendo con el fin de continuar el consumismo de derroche, pero algunos de esos recursos claves escasean, como por ejemplo el petróleo, y todos están en los países menos ricos y poderosos.

Para darse cuenta de el gigantismo que se ha producido, el ciudadano medio de los EEUU consume el doble de lo que consumía en 1950. “La economía global es casi 5 veces más grande de lo que fue hace medio siglo. Si continúa creciendo en la misma proporción, la economía será 80 veces su tamaño en el año 2100.”[1] Necesitaríamos encontrar unas 3 ó 4 más planetas Tierras para aguantarlo.

El sistema económico global ha fracasado. No ha traído la prosperidad mundial que tanto ha prometido, ni el bienestar humano, ni un mundo más equitativo, ni siguiera en los países más capitalistas porque allí la actual crisis financiera ha puesto en claro que la injusticia social y desigualdad es cada día más evidente.

En Latinoamérica, donde hemos visto un renacer político con la elección de gobiernos progresistas de izquierda que en principio rechazan el “capitalismo salvaje” como lo llama el Presidente Hugo Chávez, y que abiertamente desean proteger la Pacha Mama como lo asegura el Presidente Evo Morales, hay muchas voces que se alzan para buscar un desarrollo cuyo fin no es para satisfacer deseos creados por la propaganda comercial, sino con el fin de satisfacer las verdaderas y reales necesidades de nuestros pueblos, tales como la seguridad alimenticia, la buena salud y cuidados médicos, el buen albergue y alojamiento sano, educación a todos los niveles, y amplia y contundente participación política.

Estamos en todos lados, pero particularmente aquí en el Norte, bombardeados por la propaganda comercial que nos induce a consumir. Ya no somos “ciudadanos” “trabajadores” o “productores”, sino que estamos reducidos a una sola función: la de consumidores. Porque el motor del sistema es convertir a la persona humana en un empedernido consumidor. Uno de los primeros en decir esto abiertamente fue Charles Kettering de General Motors quien dijo: “La clave para la prosperidad económica consiste en la creación organizada de un sentimiento de insatisfacción.”[2] 2 Ese es el fin y propósito de todos los avisos comerciales que hace la industria de las agencias publicitarias.

Sin embargo, el gran dilema que se nos presenta es éste: ¿cómo satisfacer las necesidades reales del pueblo sin utilizar el devastador modelo de crecimiento económico del Norte? Basta crecer y crecer económicamente a base de la explotación de los recursos naturales y el lucro?

Necesitamos zafarnos de la trampa del “desarrollismo”. Necesitamos un nuevo y más sano vínculo con la naturaleza y una producción que no esté guiada a un mercado global, sino en primer lugar, al mercado interno que pueda proveer las necesidades de nuestros pueblos, con respeto a los ecosistemas y las especies. Una red de los pueblos indígenas de Nuestra América han hecho una clara declaración al respecto:

Los pueblos indígenas entendemos que el cambio climático es producto del desarrollo de la industria capitalista que concentrada en los países del norte, no solo ha contaminado el aire y el agua, sino que ha despojado a nuestros territorios extrayendo recursos naturales, concentrando e industrializando la producción de alimentos y destruyendo la Alpa Mama”[3] 

Eminentes ambientalistas están promoviendo el concepto del decrecimiento, tales como Peter Victor, Tim Jackson, Serge Latouche, Herman Daly, Juan Martinez-Alier, Edgardo Lander, etc. y realizan estudios que indican que si es posible tener sociedades en la cual los ciudadanos tienen una buena vida, sin dedicar todas las energías económicas a un sistema de infinita producción para un continuo consumismo. Proponen una economía que se atiene a los límites naturales del medio ambiente y que sirva los valores de una buena calidad de vida sin derroche y la solidaridad humana y hacia las especies que comparten el planeta con nosotros. Ya ha habido importantes conferencias internacionales sobre decrecimiento en Paris y Barcelona, y en el 2012 habrá una en Montreal dedicada a Nuestra America.

La buena noticia es que es en Nuestra América donde están surgiendo una serie de iniciativas y de movimientos que pueden servir de modelo hacia una economía de decrecimiento. En primer lugar, la infraestructura de integración regional que se ha puesto en marcha son instrumentos para un intercambio basado en cooperación y en solidaridad, y no en dominación y lucro. Tales instrumentos, liderados por Venezuela, Cuba, Ecuador, y Bolivia como: UNASUR, BANCO DEL SUR, PETROSUR, TELESUR, CELAC, PETROCARIBE Y EL ALBA. Estos han sido pasos esenciales y revolucionarios pues sin la unión de los países latinoamericanos no podrá haber protección ante los países poderosos y ante las grandes corporaciones transnacionales. Hace casi dos siglos lo dijo el gran Libertador, Simón Bolívar, que sin la unión latinoamericana, no serán realmente libre nuestros pueblos.

El decrecimiento es una idea paradigmática, es decir, que cambia actitudes y valores, y el modo de mirar al mundo. Es un cambio radical del modelo económico con profundas ramificaciones sociales. A la vez no es un formulario, no es un modelo único y detallado, no es una ideología. Exige creatividad y diversidad. Cada sociedad con sus pautas culturales tendrá que buscar el modo de producir sin exceso, respetando a la Madre Tierra y sus especies, y hacerlo con el fin de proveer las verdaderas necesidades humanas. El decrecimiento exige que nos preguntemos colectivamente:

  • ¿Qué tipo de vida queremos para nuestros hijos?
  • ¿Qué tipo de planeta queremos dejar a nuestros nietos?
  • ¿Qué tipo de vida queremos vivir?
  • ¿Cuál es el Buen Vivir, el Sumak Kawsay, como dicen los indígenas de Ecuador y Bolivia?
  • En fin, ¿para qué es la economía, el dinero, las industrias y las corporaciones? ¿A quién sirven?

Y ya podemos ver el comienzo de iniciativas cónsonas con el decrecimiento en Latinoamérica:

  • En Venezuela la Revolución Bolivariana le da poder a los consejos comunales los cuales están tomando las riendas de los proyectos de desarrollo locales; las miles de cooperativas están produciendo para satisfacer necesidades internas y esenciales; la reforma agraria esta apuntada hacia la seguridad alimenticia del pueblo no hacia el monocultivo para venta internacional, y se ha desatado una amplia preocupación hacia la naturaleza.
  • En Bolivia y Ecuador, ha surgido el reconocimiento de los pueblos indígenas, antiguos defensores de la Pacha Mama, y aunque no sin conflictos, sus derechos a la tierra y el agua se oponen al desarrollismo. Hasta han integrado el “buen vivir” en sus Constituciones Estatales.
  • La cosmología indígena de nuestros pueblos ha protegido a la tierra y ahora ayuda a encontrar modelos de desarrollo que preserven su hábitat y el uso de recursos de un modo que preserven su modo de vida y culturas. Estos proyectos frecuentemente no coinciden con los planes nacionales desarrollistas de muchos gobiernos.
  • La Vía Campesina, movimiento internacional, lucha contra el cambio climático y por la incorporación de movimientos sociales afines contra el sistema económico global que destruye la tierra.
  • El ejemplo de Cuba es realmente significativo: es el único país del mundo que coincide en tener la más mínima “pisada ecológica” (ecological footstep) con uno de los más altos índices de bienestar humano.

Y nosotros en Canadá quienes tenemos nexos con Latinoamérica, nexos de origen, de amistad, y/o solidaridad, ¿qué papel tenemos en todo esto? Precisamente por vivir a diario en un país del Norte, país capitalista, podemos unirnos al clamor de aquellos que desean proteger toda la Pacha Mama, la naturaleza del planeta Tierra, unirnos a la lucha para acabar la terrible desigualdad económica, exigir justicia ambiental, ayudar a quitar las vendas que no permite que los ciudadanos aquí se den cuenta del dañino papel de las industria extractivas mineras canadienses aquí mismo y en el Sur, y del siniestro papel de la propaganda comercial que aumenta la insatisfacción personal y ofrece la manzana envenenada del consumismo materialista.

Como Leonardo Boff, digno representante de la Teología de Liberación, ha dicho, ” El bienestar de la Tierra es nuestro bienestar. La forma correcta es entender el progreso en sintonía con la naturaleza y medirlo por el funcionamiento integral de la comunidad terrestre.”[4]   

Es un imperativo moral –pero también una condición para la sobrevivencia del planeta- que los países ricos tal como Canadá, se adhieran al decrecimiento, pues si éstos no reducen su impresión ecológica, es decir la presión que ellos hacen sobre los recursos naturales globales, no alcanzarán éstos para que los países menos ricos puedan satisfacer siquiera las necesidades más básicas de sus poblaciones.

Así que, tenemos muchísimo que hacer aquí en el Norte por el bien de toda Nuestra América y de la Tierra: convencer a los países ricos y sus gobiernos  que reduzcan sus presión sobre la naturaleza dirigiendo sus economías hacia necesidades humanas verdaderas, que reduzcan el exceso del consumismo, para que los países más pobres puedan darle una vida mejor a sus poblaciones – para salvar al único planeta que tenemos que compartir.

Claro que estos caminos no serán fáciles ni sin contradicciones. Pero en las Américas se esta abriendo un sendero, y como se sabe: “el camino se hace al andar”.



[1] T. Jackson y P. Victor, 18 septiembre 2011, Vancouver Sun

[2] Jeremy Rifkin, El Fin del Trabajo, 1996, p. 41’43

[3] ECUARUNARI: Frente a REDD y las falsas soluciones al cambio climático, 24 noviembre 2010

[4] Leonardo Boff, Una esperanza: La Era del Ecozoico, http://servicioskoinonia.org